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MITO Y TRAGEDIA GRIEGA HOY, 2019, es un proyecto que ha sido posible gracias al apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile.

Dioses / Apolo

                            Apolo

Hijo de Zeus y la Titánide Leto, Apolo es el dios de la luz, de la adivinación, de la purificación y de las artes. Cuenta la leyenda que Leto, ya embarazada de Zeus , tuvo que enfrentarse a Hera, indignada por el engaño de su esposo. La diosa quería impedir que Leto diera a luz, por lo que exigió que nadie le diera cobijo ni la recibiera. Leto deambuló por toda la tierra sin que nadie la recibiera, hasta que llegó a la isla de Delos. Según el mito, la isla solía ser una ninfa llamada Asteria de la que Zeus se había enamorado. Pero como ella no le correspondió su amor, la convirtió en isla. Cuando Leto llegó, le prometió a la isla que la honraría y la haría famosa si la dejaba parir allí. Ella aceptó, pero a pesar de esto Leto no lograba dar a luz: sufría mucho, pues Hera había prohibido a Ilitía, la diosa de los partos, ayudar a Leto. Por suerte las demás diosas se compadecieron de ella, y mandaron a Iris a buscar a Ilitía sin que Hera se diera cuenta. Iris sobornó a la diosa con un collar de hilo dorado, el que aceptó gustosa. En cuanto la diosa llegó, Leto se apoyó sobre una roca y dio a luz a Ártemis y luego a Apolo. La isla se llenó de oro y tomó el nombre de Delos, que significa “lugar visible para todos”. Allí se fundó el santuario más famoso de Apolo. Justo después de nacer y de probar néctar y ambrosia, Apolo se quitó los pañales y se paró, mostrándose fuerte y temible incluso delante de los otros dioses. Entonces anunció que en su vida se dedicaría a tocar la guitarra, a viajar y a comunicar a los mortales los designios de su padre. Luego, Apolo subió al Olimpo, donde fue recibido por los demás dioses. Zeus y Leto se sintieron muy orgullosos. 

La primera preocupación de Apolo en el Olimpo fue construir un oráculo que comunicara a los humanos los designios de Zeus. Bajó a la tierra y viajó durante mucho tiempo, hasta llegar a las aguas Telfusa, en las faldas del monte Telfusio, donde decidió construir el oráculo. Pero la diosa Telfusa le hizo cambiar de opinión y le indicó la llanura de Crisa. Una vez allí, Apolo se transformó en delfín y dirigió un barco de cretenses a la bahía de Itea, cerca de Delfos, donde el dios reveló su identidad. Apolo llevó a los cretenses al lugar escogido para construir el templo y los escogió como los primeros sacerdotes.

En el lugar del oráculo había una fuente bendecida, donde vivía una serpiente gigante llamada Pitón.

Apoló mató a la serpiente con su arco, y el lugar donde se pudrió su cadáver también se llamó Pitón. Por eso uno de los apelativos de Apolo es Pitio (de pudrir). 

El dios sintió que asesinar a la serpiente fue un acto infame, y por eso salió al exilio durante un año en el valle de Tempe. Allí trabajó para el rey Admeto. El dios ayudó a Admeto a conquistar a Alcestes, la hija más bella de Pelias. Apolo sabía que Admeto moriría joven, por eso convenció a las Moiras de que aplazaran su muerte si otro ocupaba su lugar.  Cuando llegó la hora de Admeto, nadie quería sacrificarse por él, ni siquiera sus padres. La que sí aceptó la muerte fue nada menos que Alcestes. Por suerte, antes de que Tánatos se la llevara, Heracles la salvo junto a su esposo. Cuando terminó el exilio, Apolo volvió a Delfos con una corona de laurel en la cabeza y un ramo de laurel en la mano. Los habitantes de Delfos, para conmemorar su regreso, instauraron la fiesta de las Septerias, celebradas cada nueve años. 

Apolo era el dios de la adivinación. Muchos mitos lo presentan como el padre de los más importantes adivinos, como Melambus y Casandra. Como dios del sol y la luz vencía a la oscuridad, y a través de esa misma luz predecía el futuro. 

Según los mitos, Apolo dejaba el oráculo cada invierno y se lo encargaba a Dionisio. El dios regresaba con la primavera, trayendo a su vez la luz. 

Grimal, Pierre, (1989). Diccionario de mitología griega y romana. Trad. Francisco Payarols, Barcelona, España: Paidós. ​

Graves, Robert, (2007). Los mitos griegos I y II. Trad. Esther Gómez Parro, 2001. Madrid, España: Alianza Editorial. 

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