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MITO Y TRAGEDIA GRIEGA HOY, 2019, es un proyecto que ha sido posible gracias al apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile.

Tragedias / Hécuba

                           Hécuba

Hécuba es la segunda esposa de Príamo. Su genealogía fue tema de controversia desde la Antigüedad. Dos tradiciones estaban frente a frente: una de ellas la consideraba como hija de Dimante, un rey de Frigia; la otra, como de Ciseo, rey de Tracia. En el primer caso descendía del río Sangario. Una variante de esta tradición dice que el Sangario no era su bisabuelo, sino su padre, que habría engendrado a Hécuba con la ninfa Evágora. Se le atribuye como madre a la hija de Janto, Glaucipe. Los autores que la creen hija del tracio Ciseo le dan por madre a Teleclea. La mujer de Dimante habría sido la ninfa Éunoe.
            

La tradición que relaciona a Hécuba con Dimante y con el territorio de Frigia es la de la Ilfada. Los trágicos, y especialmente Eurípides, prefieren los orígenes tracios. El problema genealógico planteado por Hécuba era tan complejo que el emperador Tiberio, dado a la ironía, gustaba de proponerlo a los gramáticos de su época.
            

Hécuba es célebre por su fecundidad. A veces se dice que dio a Príamo diecinueve hijos; Eurípides eleva este número a cincuenta. Apolodoro cita sólo catorce: Héctor, el primogénito; Paris; luego cuatro hijas, Creúsa, Laodicea, Políxena y Casandra —aunque ésta sea considerada generalmente como hermana gemela de Troilo, o bien de Héleno, que, como ella, poseía el don profético— ; los últimos fueron varones: Deífobo, Héleno, Pamón, Polites, Ántifo, Hipónoo, Polidoro y Troilo, el menor y el más querido, el favorito del primogénito Héctor Se le atribuye también un décimo-quinto hijo, Polidamante. 
            

En Homero, Hécuba tiene un papel bastante borroso. Interviene en segundo plano para moderar el arrojo de Héctor, llorar sobre su cadáver y rogar a Atenea que aleje la desgracia de la ciudad. Pero desde las epopeyas cíclicas y, sobre todo, en los trágicos, la figura de Hécuba se acrecienta hasta el punto de convertirse en el símbolo de la majestad y el infortunio.
            

Se contaba que poco antes de dar a luz a su segundo hijo había tenido un extraño ensueño: vio salir de su seno una antorcha, que prendió fuego a toda la ciudad de Troya, e incluso a los bosques del Ida. Fueron consultados los adivinos y declararon que el niño que iba a nacer sería causa de la ruina de la ciudad. Pero Hécuba se negó a que se matara a su hijo cuando naciera, y se limitó a abandonarlo. El niño fue salvado y, más tarde, volvió a Troya. Otra versión cuenta que los adivinos —y particularmente Ésaco, uno de los hijos de Príamo—, habían simplemente prevenido al rey, anunciándole que el niño que nacería en una fecha determinada provocaría la ruina de Troya, por lo cual era conveniente darle muerte, así como a su madre. En el día indicado acaecieron dos nacimientos: el de Paris y el de Munipo, hijo de Cila y Timetes, hermano o cuñado de Príamo. Príamo condenó a muerte a Cila y a Munipo. 
            

Esta leyenda del sueño de Hécuba está destinada enlazarla con los orígenes del crimen que significó la perdición de Troya, ya simplemente por el hecho de haber sido la madre de Paris, ya por haberse negado a matar a éste, contra el parecer de los dioses. De esta manera quedaban justificadas hasta cierto punto las desgracias que cayeron sobre la ciudad.
            

Al ser tomada Troya, Hécuba había perdido a casi todos sus hijos. Uno de ellos, Polidoro, había sido confiado por Príamo al rey del Quersoneso Polimestor —quien, según una tradición de la leyenda, se había casado con una de sus hijas, Ilione—, para dejarlo en lugar seguro. Al mismo tiempo, Príamo había encargado a Polimestor la custodia de valiosos tesoros para su hijo. Pero una vez Troya conquistada, y muerto Príamo, Polimestor pensó en apropiarse las riquezas que guardaba, por lo que mató a Polidoro y arrojó al mar su cadáver —según otra versión, mató por error a su propio hijo Deípilo—. Este cadáver fue depositado por las olas en la costa de Tróade en el momento en que Hécuba iba a ser embarcada como cautiva troyana, que la suerte había atribuido a Ulises. La anciana reina, al reconocer el cuerpo de su hijo, decide vengarse. Envía una de sus criadas en busca de Polimestor con un pretexto engañoso: simulando ignorarlo todo, desea decirle dónde se encuentra oculto un tesoro que hasta entonces ha escapado a las pesquisas de los conquistadores. Movido por su avaricia, Polimestor acude, y cuando lo tiene a su alcance, Hécuba le arranca los ojos, no sin que antes las cautivas troyanas maten, ante sus ojos, a sus dos hijos que lo acompañaban. 
            

A fin de castigarla por este crimen, los griegos deciden lapidarla. Pero bajo el montón de piedras se encontró, en vez de su cadáver, una perra de ojos de fuego. O bien se cree que Hécuba fue transformada en perra cuando la perseguían los compañeros de Polimestor, deseosos de  vengar a su rey. Otra tradición contaba que Hécuba se había transformado en perra a bordo de la nave que la conducía a Grecia, y que se había arrojado al mar.

 

- Grimal, Pierre, (1989). Diccionario de mitología griega y romana.Trad. Francisco Payarols, Barcelona, España: Paidós. (pp. 227-228)